EMOTIONAL EATING

 

 

¿Sueles comer por hambre real o hambre emocional?

¿Con qué frecuencia comes honestamente debido al hambre verdadera? ¿Con qué frecuencia decides alimentarte solo porque tu cuerpo, en lugar de tu mente, te lo pide? Si comienzas a prestar atención a cuándo decides comer, probablemente notarás que normalmente comes simplemente porque es una rutina, otras veces por placer o simplemente para distraerte. Lamentablemente la comida se ha convertido en una forma de evitar problemas, de tapar los sentimientos negativos, el aburrimiento y la forma perfecta para socializar.

¿Qué es el hambre real? El hambre real es la llamada natural para comer, que indica que los órganos de la digestión están en condiciones de recibir y digerir los alimentos. Es una sensación placentera, una sensación de hormigueo en la parte posterior de la garganta, que suele ir acompañada de alerta y buen humor, aumenta de intensidad aunque se ignore, y no se guía por el deseo de un alimento específico.

Por el contrario, el hambre falsa aparece y desaparece. Suele ir acompañada de debilidad, fatiga física, dolor de cabeza, mal humor y está guiada por el deseo de un alimento o producto específico. Sentimos una falsa hambre en la barriga y suele ir acompañada de una sensación incómoda. Estas sensaciones que sentimos son en realidad la desintoxicación del cuerpo; finalmente le hemos dado un descanso al sistema digestivo y el cuerpo puede comenzar a hacer un trabajo de curación. El hambre falsa o emocional es más un reclamo de la mente que del cuerpo. Dado que el cuerpo no lo ha pedido, este alimento no se puede asimilar correctamente ya que el sistema digestivo aún no está listo para digerir. Te dejará insatisfecho porque el cuerpo no lo necesita y por eso seguimos comiendo. Este patrón de alimentación se convierte en un problema importante.

¿Por qué nos resulta difícil controlar el hambre emocional? La alimentación emocional ha sido un patrón establecido desde la infancia. La madre amamanta a su bebé que llora. En la infancia muchos aprendemos a calmar o evitar determinadas emociones negativas (culpa, ansiedad, miedo, enfado, tristeza, etc.), o a buscar estímulos para combatir el cansancio y el aburrimiento, recurriendo a productos como cereales, azúcar, chocolate, almidones, etc. Además, es común premiar a los niños por “ser buenos” con dulces, chocolates, pasteles, etc. Estos alimentos tienen ingredientes que ejercen un efecto “sedante”, “excitante”, “irritante” o “estimulante” sobre el sistema nervioso, al dirigir la energía que deberíamos estar usando para procesar las emociones, hacia la digestión y eliminación de estos elementos tóxicos.

Cuanto antes se consuma una droga, más difícil será erradicar la adicción. Cuanto más accesible, popular, barata y socialmente aceptada sea una droga, más difícil será superar la adicción. Es por eso que los trastornos alimentarios son los comportamientos adictivos más difíciles de superar, y también son los más difíciles de detectar.

Al hacer cambios y adoptar una dieta más saludable, a medida que el cuerpo se limpia, necesitaremos comer cada vez menos. A medida que comenzamos a despertar a nuestra verdadera y natural esencia y comenzamos a lidiar con nuestras emociones y a darnos el amor que todos necesitamos, la comida ya no necesita ser lo que ordene y guíe nuestras vidas. Ya no necesitarás comida para sentirte bien y asumirá la plena responsabilidad de cubrir tus necesidades y deseos con tu trabajo interior personal. Podrás comenzar a escuchar a tu cuerpo, notando cuándo realmente quiere comer y qué necesita en ese momento. Encontrarás la libertad de comer desde las emociones…

Namaste!